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domingo, 18 de julio de 2010

Hoy en "pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida": La siesta.

A lo largo de su historia, el ser humano ha sabido concebir los más diversos inventos con la intención de hacer más llevadera su existencia en este planeta. Algunos grandiosos, otros no tanto, pero la mayoría completamente inútiles, como la televisión sin control remoto. A medida que las comunidades se extendían y la raza se expandía a lo largo y ancho de los cinco continentes, al hombre le urgió saciar esa necesidad de trasladarse de una forma más rápida para así poder recorrer grandes distancias en menor tiempo y llegar a casa antes de que empiece Fútbol de Primera. Vista esta necesidad, el ser humano desarrolló el bondi; transporte de cuatro ruedas con una carrocería y un chofer, útil para recorrer medias distancias siempre y cuando uno cuente con monedas suficientes, invento ya obsoleto ahora que Macaya y Araujo no están más en el aire.


Definitivamente el bondi fue un buen invento, pero si hablamos de inventos que la rompen así mal, no podemos dejar de mencionar la siesta. Por eso hoy en “pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida” le dedicamos a este genial invento el espacio que se merece. Está bien, puede ser que con la siesta no puedas ver la final de la Champions y probablemente se vuelva un impedimento a la hora de cumplir con ciertos compromisos si es que uno anda corto de tiempo, pero rascarse las bolas es una actividad a lo que todos tenemos derecho. En este mundo tan proactivo, está bueno frenar el carro y ser completamente improductivo por un tiempo, es por eso que la siesta ocupa un lugar importantísimo en el corazón de este humilde servidor. Tal vez la siesta y el huevo sean las plagas de años venideros, pero a quién carajo le importa?

Entre sus prestaciones, se encuentran las siguientes: no se rompe, no se gasta, no cuesta plata y está disponible para cualquier persona, siempre. Y por último y completamente llena de subjetividad: está buenísima. Qué lindo es llegar de jugar al fútbol todo chivado y tirarse en la cama así tal cual uno llegó y levantarse a las dos horas. Pueden decirme roñoso, poco me importa mientras tenga mi siesta. También está esa donde uno se saca la ropa, se pone el pijama, abre la cama, se tapa y luego babea la almohada por más de hora y media. Estas siestas te parten el día en dos, es lo más cerca que uno puede estar de una semana de 8 días, al menos hasta que el afronegroide presidente del mundo se ponga las pilas y le agregue un feriado a la semana.

Dejémonos de joder con esto de frenar derrames de petróleo, fomentar el desarme nuclear y terminar con el hambre en el mundo y pongamos los recursos en los temas que realmente lo ameritan.

viernes, 19 de febrero de 2010

Hoy, en "pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida": La ecuación de la felicidad.

Tu jermu te cagó con el verdulero? Te echaron del laburo y tenés cinco pibes que mantener? Estabas por terminar el Prince of Persia y se te cortó la luz? No te preocupes, ser feliz es mucho más fácil de lo que pensás, sólo necesitás Mendicrim Suave, Sopa Knorr de Cebolla y una papafrita.

Así es, una vez más aplicamos todo el saber que la prestigiosa, sacrificada y muy puta carrera de ingeniería nos enseñó en pro de ayudar al común denominador de las personas. No vamos a diseñar un puente para comunicar Buenos Aires con Punta del Este, tampoco a diagramar un tendido de alta tensión que provea de luz a las zonas más necesitadas del país; vamos a ir un paso más allá y arremeter contra aquello que realmente le importa a los argentinos, como por ejemplo, una buena picada.

Por más que el INDEC diga lo contrario, es de conocimiento público que la inflación le está jugando una mala pasada a las salidas entre amigos, y con lo caro que está el salame -ni hablar del queso- puedo decir sin temor a equivocarme que las picadas están en peligro de extinción. Pero si pensás como yo -"de acá"- y dejar de comer picadas con amigos no es una opción, entonces enhorabuena mi querido lector. He aquí la felicidad absoluta por sólo diez pesitos. No te va a devolver el laburo ni te va a borrar la imagen del verdulero dandole bomba a tu jermu, pero quién necesita una bruja de tetas caidas y un jefe rompe pelotas cuando se puede compartir una buena picada con amigos? Sin más, la ecuación de la felicidad, posta.


Poné un poco de Mendicrim Suave en un pote, sazonalo con una pizca* de sopa de cebolla (así como viene), mezclá y listo**! Sumergí la papa en la venerable salsa y babeate todo mientras disfrutás de este manjar de los dioses.


*No, nadie sabe cuánto es una pizca...oh, las bondades de la gastronomía.

**Si te cabe, podés ponerle un poquito de sal también.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hoy en “pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida”: Licuadora y una banana (a mano)

No, cochinas, estoy hablando de la fruta.

Ahora que se viene el veranito, pocas cosas mejoran tu calidad de vida como tener una licuadora y una banana a mano. Muchos tienen la licuadora, pero no la banana. Otros tantos tienen la banana pero no saben bien cómo se usa la cosa esa. La licuadora.

Por eso, ahora que vienen las fiestas, una licuadora puede ser un regalo perfecto para conquistar a esa chica que siempre le quisimos entrar y casualmente vive en una casa con jardín y pileta con cascada y una hermana que está re buena pero tiene novio. No, la licuadora no es para ella, la licuadora se la pedimos a Papá Noel y luego cortejamos a la señorita con un buen licuado de banana. Mucha banana. Nunca falla.

Lechita. Es lo que lleva el licuado de banana.

Todo aquello que una buena pilcha no puede hacer por vos, lo puede hacer un licuado si la temperatura, los niveles de azúcar, banana y lechita son los indicados. Basta con verter el brebaje en un recipiente adecuado y adjuntarle una pajita. Un licuado no es licuado si no tiene pajita, menos si es de banana. Es que la espuma se acumula en la superficie y no te deja saborear la verdadera consistencia del néctar del amor que subyace la misma, centímetros más abajo.

Hay dos tipos de mujeres: las que dicen que no les gusta la banana, y las que lo admiten abiertamente. Pero no confundamos: a las dos les gusta. La del segundo grupo entiende perfectamente que es parte de su condición, como ser humano; mientras que aquella que pertenece al primero, guarda el secreto a rajatabla y nunca levanta la copa cuando ella y sus amigas borrachitas juegan al “yo nunca…”, pero cada vez que alguien pela una banana le brillan los ojitos de deseo.

¿Qué esperás para ponerla? A esta altura del texto deberías estar empezando a escribir la cartita para poner debajo del árbol o festejando como el Piojo López cuando hacía el inflador.

Vamos mierrrda tengo licuadora!!

domingo, 27 de septiembre de 2009

La agenda, un error de concepto.

Block. La agenda de los que se olvidan de comprar una.


Nunca fui de tener agenda. Las pocas veces que compré una, la encontré al año siguiente olvidada en algún cajón con tres hojas escritas y las demás en blanco. Probé con agendas de todo tipo: grandes, chiquitas, alargadas, de bolsillo, -incluso la clásica Citanova, que “es la agenda”- pero no hubo caso. Es que no me acuerdo que tengo agenda. Todavía estoy pensando en algún método para recordarme que tengo que recordar muchas tareas y que para eso me compré una agenda (por el momento el método “de la cartulina en la pared” es el que va tomando más fuerza).
Hace un par de días, caminaba por las calles de once mientras recordaba todo lo que tenía que hacer esa semana -para mantener el fino equilibrio entre responsabilidades y ocio que requiere la felicidad- y fue entonces que decidí ir a comprar una agenda. Entré a lo que debe ser una de las librerías más completas del sistema solar. Luego de preguntar si vendían al por menor (en Once, la tierra de Gúliver, todo se vende x10), fui directo al área de agendas ,porque tenía un área de agendas. Para comprar soy bastante complicado, estuve siete minutos (párense frente a una pared y cuenten siete minutos, van a ver que es un montón) paseándome por la librería hasta que finalmente me decidí por una agenda negra, chiquitita. Muy discreta, elegida con el criterio de “si no la puedo llevar a todos lados no me sirve”. La estoy por pagar y le pregunto a la chica que me asesoraba “es 2009, no?”. La señorita me miró un tanto extrañada por lo que debió haber sido una pregunta bastante estúpida para los que se mueven en el ambiente de las agendas; luego de hacer un estratégico silencio me contesta “no, 2010”. Cuestión, me terminé llevando un block por el módico precio de $1,30, y me fui del lugar totalmente desconcertado.
La gente que vende agendas debería contemplar el hecho de que quién busca una, es porque suele olvidar lo que debe hacer. Como por ejemplo, comprar una agenda. Deberían vender repuestos por mes. Bueno, está bien, por mes tal vez sea demasiado, pero al menos cada seis meses. De esa forma, la gente como yo -que suele olvidarse de todo lo que no esté incluido en las necesidades básicas- hoy, tendría una agenda en la mano y no un maldito block que se le salen las hojas porque no tiene ni anillado.


Edit: Habemus agenda! Seis pesitos, 7x18cm, un chiche.

viernes, 10 de julio de 2009

Hoy, en "Pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida": Las pantuflas

-son grrrrrrricas!

Llega el verano y todo el mundo se desespera por un maldito aire acondicionado para no tener calor y contribuir inescrupulosamente al calentamiento global. Mucha gente tiene aire acondicionado pero son pocos quienes tienen un buen par de pantuflas. Y cuando digo un buen par, me refiero a esas que te abrigan todo el pié, no a esas pseudo chancletas que se parecen más a un par de ojotas. Yo no le daría el título de pantufla a un calzado pedorro que pretende abrigar y sólo te tapa la mitad del pié, por lo que uno anda por la casa chancleteando en invierno, con ese ruido que hace la suela al golpear contra el talón cada vez que levantamos la patita para dar otro paso y que lo único que hace es recordarnos qué tan lejos esta el verano, porque todavía estamos en invierno. Yo siempre tuve de esas. Año tras año, me regalaban otro par de horribles pseudo chancletas con sabor a poco a pesar de mi cara de "pero papá, esto no me abriga".
No hay nada más lindo que andar por la casa con los piés abrigados sin la necesidad de explotar niños ugandos para tener unas zapatillas con resortes ni esquilar 3 obejas para calzar unas buenas medias de lana. Menos si lo que querés es caminar por tu propia casa. Sabés cuánto tardé en conseguir unas pantuflas como la gente? 23 años. Sí, flor de huevón. Huevón pero con pantuflas, qué me decís de eso? Me regalaron unas grandotas con dos caras de tigre en cada pata. Bueno, en realidad es solo una cabeza por pantufla, pero igual son super grandes y abrigadas, no puedo ser más feliz! Si estan buscando un buen regalo para hacer, prueben con unas pantuflas, hay grandes chances de que den en la tecla.


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lunes, 6 de julio de 2009

Hoy, en "Pequeñas cosas que mejoran considerablemente tu calidad de vida": Las cubeteras


Después de una ardua semana de laburo, donde tu jefe te tuvo cagando de acá para allá, donde no pegaste una y tuviste que hacer todas las cosas tres veces. Después de una semana de exámenes donde te la pasaste estudiando como un panqueque todos los putos días, por fin llega el fin de semana. Te llama un amigo el sábado a la noche y te dice que estuvo hablando con unas amigas de Juli, que están todas bárbaras y solteras. Ya esta todo arreglado, se juntan en lo de Juan. Vos sólo tenés que decir que sí. Vas al super, te comprás un Fernet y una coca porque creés que te lo merecés después de la semana complicada que tuviste, y partís para lo de tu amigo.
Llegás, y Juan te presenta a las nenas. No lo podés creer, están una más buena que la otra. Las mirás como buscando a la gorda del grupo pero no la encontrás. Son todos unos camiones, la más fea es Optimus Prime. Estás convencido de que esta es tu noche, con la de Fernet que trajiste nada puede salir mal. "Chicas, toman Fernet?, preguntás. La morochita petiza que se parte como un queso, te mira y te dice "Si dale...me servis?" contesta llevándose un dedo a la boca. Listo, estás más descontrolado que Fantino en Animales Sueltos. "Sí, ahroa vengo...perá que busco hielo y te sirvo". Entonces vas a la heladera, abrís el freezer y te encontrás con el horror. Hay una sóla cubetera, vacía y rota. Te preguntás como carajo piloteás la situación, lo de Juan está lejos de cualquier estación de servicio, no tenés alternativas. Juntás valor, te acercas a la mujer dinamita y le decís (minimizando la situación) "Disculpame, no hay hielo...pero no importa, no? El Fernet es Fernet con o sin hielo..jeje", y largás esa risita de pelotudo que no entendés como puede ser que seas vos quien está riéndose así. Nerviosito, con una cara de huevón que se ve desde Google Earth. "Ah no...si no tiene hielo no quiero", responde. Y ahí te quedás, helado y sin hielo, viendo como se derrite lentamente tu fantasía. Situación que se podría haber evitado fácilmente con una cubetera pedorra de 40 ctvs.
Cuarenta centavos es un pequeño precio que pagar por la felicidad absoluta, no te parece? Sin embargo es común ver heladeras con 2 cubeteras pendorchas que gotean por todos lados, y que para sacar un hielo tenés que aplicarle un golpe de judo. Seguramente tengas un amigo, si no sos vos, en esta situación. Hacele un favor y regalale una cubetera, que cosas como esa pasan una sola vez en la vida si tenés suerte. Y la suerte no sirve de nada sin cubeteras.



Gracias por leer! ¿compartís?





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