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sábado, 20 de octubre de 2012

Destapador

Cuando necesito un destapador, no busco un destapador. Voy a la cocina y abro el primer cajón de la cajonera porque existe cierta creencia popular que dice que el destapador y esas cosas están en el primer cajón. Ya sea fuera de la bandeja de los cubiertos, adelante o a la derecha, o junto a las cucharitas de café, pero siempre está en el primer cajón.

Entonces voy a la cocina y lo abro, el primer cajón.

Pero no busco un destapador. Porque todos los destapadores son diferentes y cuando busco un destapador en realidad no sé qué es lo que estoy buscando ni qué es lo que voy a encontrar. Además nunca andan bien, siempre doblan la chapita y no me gusta porque después no la puedo volver a poner en la botella.

Y pienso que si dobla la chapita es porque ese coso me hace hacer fuerza de más. O mal hecha. Quizá la fuerza es la justa pero con ese coso uno la aplica en donde no va. Si para abrir la botella no hay necesidad de doblar la chapita, por qué habría de querer doblarla? No quiero romper la chapita porque después no la puedo volver a poner en la botella.

Entonces voy a la cocina y busco un destapador, en el primer cajón.

A mi me gusta destapar las botellas con un cuchillo. Creo que así es mejor. Como un discípulo que supera al maestro, como un ejemplo de que más no siempre es mejor y de que lo que nos dicen que es mejor no necesariamente lo es, cuando busco un destapador busco un cuchillo. Porque cuando busco un cuchillo sé lo que busco y sé que funciona. También se que no me hace hacer fuerza de más y que no me dobla la chapita. Sin embargo, cada vez que busco un destapador, abro el primer cajón de la cocina (porque existe cierta creencia popular que dice que el destapador y esas cosas están en el primer cajón) y busco. Un destapador.


martes, 3 de enero de 2012

En el fondo de mi mochila

Hoy rescaté de lo más profundo de mi mochila un paquete de Oreo para desayunar. Ahí donde conviven los lápices usados a medias con la tinta de biromes viejas, donde comparten cama las pelusas y las gomas de borrar. En ese lugar tan tenebroso también viven juntos la mugre y los boletos de colectivo que, sin importar dónde los guardemos, siempre terminan ahí amontonados como si ese fuese esa su razón de ser.

Siempre que la necesidad tocó a mi puerta me he tomado el atrevimiento de incursionar en esas profundidades, pero nunca antes de haber probado todo tipo de solución primero. Cuando la esperanza es lo único que queda entonces ahí sí me he zambullido en la impenetrable oscuridad del fondo de mi mochila para revolver con manos ansiosas como un niño revuelve su baúl de juguetes, manoseándolo todo hasta palpar algo frío, plano y redondito que pueda pasar por una moneda para el colectivo. Es un lugar donde convive el olvido con la esperanza, y la esperanza con la desesperación. Y es que por lo general, esos los lugares saben esconderse. Bueno, éste también se encuentra a mis espaldas. Y si me muevo también se mueve de igual manera, escapando de mi y refugiándose como quien teme ser visto.

Tengo mis serias sospechas de que ahí dentro pasan cosas extraordinarias. Mi abuelo una vez me dijo que en las mochilas de los chicos viven unos seres muy muy pequeñitos. Ellos trabajan día y noche (sobre todo de noche) para fabricar una a una las cosas que nos faltan. Algunas cosas no las fabrican ellos, claro, porque no pueden fabricar todo, pero se las arreglan para conseguirlas y colocarlas allí, donde quedan al reparo de nosotros, los humanos, hasta que un día metemos la mano como sabandijas que somos para arrebatarlas sin siquiera decir gracias. Pero no se hacen problema porque nos conocen bien y saben que somos unos desagradecidos, estos diminutos seres son felices dando esas pequeñas cosas que calzan justo con nuestra necesidad. Como un lápiz, o una moneda para el colectivo. Tal vez también un papel donde escribir un número a las apuradas o incluso en esos días donde todo nos salió mal, un caramelo pegoteado que nos endulce la vuelta a casa.

Siempre que revuelvo y encuentro doy las gracias en voz bajita para no molestarlos. Yo no se si mi abuelo tenía razón, pero me gusta creer que en el mundo hay gente así.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Mucha gente tiene muchas responsabilidades y a veces eso es muy importante.

A lo lejos suena la bocina siempre estruendosa y el tren asoma por la curva, señal de que la espera había terminado. Al parecer el servicio de trenes no andaba bien ese día (nunca lo hacía) y, como de costumbre, el tren llegó repleto hasta el último centímetro, tan repleto que el conductor permitió que algunos intrépidos viajasen con él siempre y cuando le ceben unos mates. Todos en esa estación tenían cosas muy importantes que hacer y no estaba en los planes de nadie dejar de hacerlas porque a un tren se le ocurrió llegar con demora. De última, la responsabilidad es una decisión propia, no del señor que tiene la concesión del transporte público.  Algunos, muy pocos, los más pacientes, esperaron el próximo con los dedos cruzados, pero no el protagonista de esta historia. Él no tenía ni el tiempo ni la paciencia para esperar el próximo.

Las puertas se abrieron y la gente se apresuró a buscar lugar en la poll position, es que hay que apresurarse cuando las puertas se abren para poder conseguir un lugarcito entre la multitud apretujada. El primero en bajar (y el único) fue un vaho a sudor concentrado que a juzgar por su presencia parece llevaba allí un buen rato. La gente empezó a entrar, y también nuestro protagonista. "La capacidad del vagón depende de la fuerza que tenga el último para entrar", se dijo, y soltó una sonrisa que desentonaba con los demás. No es fácil sonreír a esas horas de la mañana, requiere constancia y entrenamiento, horas frente al espejo practicando: primero la comisura derecha y luego la izquierda para empezar. Cuando se domina ese movimiento de forma individual luego la tarea es probar con las dos a la vez, pero lo más difícil de todo es que parezca natural, y para eso hay que entrenarse por dentro.

La bocina siempre estruendosa se hizo notar otra vez, las puertas se cerraron y todas esas toneladas de acero y responsabilidades se pusieron en marcha. Él, nuestro protagonista, se abrió paso entre almas apretadas hasta encontrar un lugarcito en el pasamanos que le permitiera sacar el su libro y sumergirse en ese otro mundo que siempre llevaba en la mochila. El vaivén del vagón apelmazaba las personas unas contra otras en lo que parecía un baile coordinado, solo que sin todo lo lindo que tiene bailar. En el vaivén, él, que estaba de frente a la ventana, sentía contra su espalda otra espalda que al principio pensó que era una mochila y se apresuró a molestarse y pensar que la gente es desconsiderada y que no puede ser que sabiendo que estamos todos apretados, algunos todavía tengan la costumbre de no sacarse la mochila. Se dio vuelta y fue la razón quien le dio la espalda al darse cuenta que en realidad quien lo rozaba con la marea era una muchacha. Se sintió un idiota por un momento y casi al mismo tiempo un estúpido intolerante, pero volvió a zambullirse en su mundo de bolsillo solo para que el roce lo sacara de los pelos de allí y lo devolviese a la realidad "salí de ahí, esto es acá y ahora", sonó casi como un reto. El choque de espaldas dejó de ser un choque y se convirtió en una caricia intermitente, de esas que uno extraña cuando no están y que cuando están nunca son suficientes. El gusano de acero, lleno de personas llenas de responsabilidades abandonaba la estación de Nuñez cuando la intermitencia dio lugar a un roce casi continuo. Nuestro protagonista sentía como los omóplatos de la muchacha rozaban los suyos y como también lo hacía la cola. La suya le quedaba justo por la mitad de la de ella, por lo que pensó que era un poco más bajita. Debía tener una cintura pequeña, de esas que caben en las manos de quien tiene la suerte de hacer la prueba, pues el contacto era entre los omóplatos y la cola, dejando en el medio un abismo. A él le hubiese encantado darse vuelta y probar, pero las normas dicen que eso no se hace y las normas hay que cumplirlas, así que controló sus ganas y se volvió a su mundo de bolsillo. Bah, abrió el libro y lo miró un rato, pero ya no podía zambullirse. Tenía la mente en el mundo real, más precisamente en el vagón, más precisamente en la chica de atrás, más precisamente entre el omóplato y la cola. Y sus sentidos.. bueno, también estaban ahí todos juntos entre el omóplato y la cola, que hacían de puente entre ese ser que creía conocer desmedidamente más de lo que realmente conocía y desproporcionadamente menos de lo que él hubiese querido. Pero nuestro protagonista nuca se creyó el cuento de la realidad. Se dijo que la realidad era lo que uno quisiese, después de todo nadie iba a decirle cómo tenía que vivir las cosas.

El tren se sacudía y también su imaginación. Pero a veces a esta nos pide que le robemos una ayudita a la realidad (que es lo que uno quiere que sea) y entonces volteó movido más por el impulso que la razón y fue entonces cuando ellos, los dos, cruzaron miradas (ella también había volteado aunque no sabemos bien por qué). Unos ojos verde esmeralda  le dieron de qué aferrarse cuando el pasamanos lo había abandonado y se miraron dos segundos que parecieron una eternidad. Hubiera jurado que fue una eternidad si no hubiese sido por el paisaje que avanzaba borroso detrás y ella, en primer plano y por ese instante que duró dos segundos y una eternidad, vació el vagón de gente y responsabilidades para llenarlo de vaya uno a saber qué, que le hizo ilusión. Pero en el mundo real los dos segundos fueron solo dos segundos, y volvió a bajar la cabeza para pasar de hoja, pero en lugar de mirar una palabra y después la que le sigue (así es como se lee), sus ojos las pasaban por alto sin prestarles la atención que se merecen. Es que quería apurar el libro para poder contemplarla. "Cuando ese mundo de bolsillo se convierte en una obligación entonces es mejor dejar de leer", se dijo con mucha razón y lo guardó en la mochila para sacarlo en algún momento en el que el mundo real no fuese tan interesante. Pero en ese instante esta chica tuvo toda su atención y el viaje nunca duró tan poco.

El tren, que siempre hace el mismo recorrido, llegó a retiro y abrió sus puertas para que bajaran todos. Primero lo hizo el vaho, como de costumbre, luego la gente con más responsabilidades primero y los más despreocupados después, a excepción de algunos que habían quedado atorados en medio del vagón cuya prisa transformada en inquietud se propagaba por el océano de gente hasta sacudir al que pide los boletos en el extremo del andén. Los dos bajaron y se unieron a la procesión de zombies que se zarandeaba lentamente de un lado al otro cubriendo cada centímetro de la terminal. Por un momento la perdió de vista y se preocupó porque todavía no se había decidido por no hacer nada, pero por suerte la encontró unos metros delante de él, y entonces la vio bailar mientras todos se balanceaban sin mucha gracia, y entonces volvió la ilusión y lo sumergió en el cono del silencio donde es reina la indecisión.

El funeral (que siempre ocurre de lunes a viernes en la terminal) prosiguió como de costumbre mientras todos avanzaban hacia los molinetes que les darían a cada uno la libertad para seguir siendo responsables pero con un poquito más de soltura y despegarse así del resto sin más sentimientos que el de alivio y tal vez un poco de ganas de ver el sol. Todo eso a cambio de un cartoncito impreso es una ganga y él también lo creyó así. Pero lo que sea que ella haya pensado jamás lo sabremos porque al llegar al boletero, él (que, como dijimos, mucha paciencia no tiene) saltó el molinete esquivando la cola y la perdió de vista para siempre. Es que mucha gente tiene muchas responsabilidades y parece ser que eso es más importante que muchas otras cosas.

sábado, 20 de febrero de 2010

Discoria: Relapse

¿Qué es una discoria? Es una historia en la cual figuran dentro de ella, todos los nombres de los temas de un dísco de alguna banda cualquiera. Para que no pierda la escencia, la misma tiene que ser lo más corta posible. Esas son las únicas reglas a seguir.



Banda: Eminem
Disco: Relapse (2009)
Temas: (Al final del post)


Its Tuesday, 3am in the morning, and I’m still hanging out at a random underground pub down Steve Berman’s street. Lately I feel like cracking a bottle every night, I just can’t sleep if I don’t. Nothing beautiful to stare at, just a bunch of broke, drunk bums drowning their sorrows in a bottle of Scotch, for old times sake. Paul, the bartender, just served me another round. I’m planning to stay wide awake tonight, something tells me it’s gonna be a long one. How are these things called? Oh yeah, déjà vu… I just had one of those. I was in a hospital, and a crazy doctor was cutting my head in two with a saw or something. Whatever, the door opens, and I turn over my right shoulder to see who’s comin’. It’s Tonya, a fifty-five year old prostitute from the suburbs. We all know Tonya, we’ve all had a lonely night sometime. She’s blond, although you can see half an inch of black hair coming out of her scalp. The price of dye must have gone up. She’s wearing a black leather skirt that exposes the bruises that taint her rotten legs like a Dalmatian, result of her demanding occupation. That’s her life, always the same song and dance, quite like mine, except for the fact that I don’t fuck for money, I just get wasted.
She comes over and says “Hello young man, want to buy me a drink?” Of course I don’t, I don’t feel like fucking someone who could be my mom…jeez. In fact, I don’t feel like fucking anyone right now, I’m feeling a bit dizzy, my blood pressure must be low. It must be the ganja. Hey, who’s playin’ bagpipes from Baghdad?

-Dr West, we are losing him
The electrocardiogram shows a steady line
-Everybody clear.
His body shakes as the one thousand volt electroshock resets his miocardic cells.
-Mr Mathers… Mr Mathers… can you hear my voice?
He slowly wakes up and recovers from his full laid down position, then sits on the examining couch.
-Yeah, why shouldn’t I? Oh…I’m so sorry doctor, I forgot to take my medicine again, is that it?
-Shit, man, this guy is insane…he’s a tough motherfucker.
-What are these stitches in my head?
-You almost die, sir. We made you an open brain surgery, we had to remove the tumor.

Hey Paul, why don’t you move your ass over here and get me another drink? this empty glass is starting to feel alone... Where was I? Oh yeah, the déjà vu.



Temas:
1. Dr. West
2. 3 A.M.
3. My Mom
4. Insane
5. Bagpipes From Baghdad
6. Hello
7. Tonya
8. Same Song & Dance
9. We Made You
10. Medicine Ball
11. Paul
12. Stay Wide Awake
13. Old Time's Sake
14. Must Be the Ganja
15. Mr. Mathers
16. Déjà Vu
17. Beautiful
18. Crack a Bottle
19. Steve Berman
20. Underground

Hace click acá para ver otras discorias.

*Disculpen que esté escrito en ingles, pero los temas así lo exigían

domingo, 14 de febrero de 2010

No te preocupes gorda, queda en famiia


Holaaa, este es el teléfono de Lau, en este momento no te puedo atender. Por favor dejá tu mensaje después de la señal, muakiiiiis... piiiip

Laura? Hooolaaaa…gooordaaaa, estás ahí? Dale atendemeee, si seguro que estás por ahí…soy Pablo! ...Bueno, parece que no estás... nada, quería hablar con vos por lo del otro día. O sea, yo te quiero una banda, sabés que sos mi gorda, pero lo que pasa es que no se, hace como dos años que estamos saliendo y no se, a veces uno piensa y dice “uh que buena está esa mina” pero no por eso es que no te quiera, nada que ver, o sea obvio que te quiero pero que se yo, la carne tira viste, pero nada, eso, no pasa de ahí…y lo del otro día, bueno, no fue nada gorda…O sea yo te re quiero, viste? Pero a veces siento que no es suficiente, y con Clhivi está todo más que bien, me llevo re bien con Chivi y ta, el otro día en tu casa cuando pasé a dejarte la peli y vos no estabas me dijo de pasar y nos quedamos charlando un montón y no se, tu vieja no estaba y no se, nos dimos unos besos…pero no es que no te quiera eh nada que ver, vos gorda sabés que te quiero así de mucho, viste? Pero ta, nos dimos unos besos, nada más…bueno hubo algunos mimos tambien pero así de amigos nomás, tipo por la pancita …es que no se, gorda, tu hermana está re buena ...y estábamos pensando que tal vez teníamos que estar juntos, ella y yo, y ta, espero no te lo tomes a mal o sea, después de todo queda en familia jeje, no? Bueno no se, cuando escuches esto llamame …o dame el tel de tu hermana y yo la llamo, todo bien, como prefieras…beso! ...y acordate, queda en familia! Jeje beso!

martes, 8 de diciembre de 2009

Revista Pronto, sólo dos pesos.

Y entonces un día te levantás y te vas al médico a buscar los resultados de un chequeo de rutina. Es un día como cualquier otro, te bañás, desayunás algo rico, un café con tostadas podría ser, y partís.

Llegás, te atiende la secretaria y te invita a tomar asiento. Mientras esperás tu turno, agarrás una de esas revistas de chimentos de hace tres meses que siempre encontrás en los consultorios para pasar el tiempo. A nadie le gusta esperar, pero es media horita nomás.

La puerta del consultorio se abre, y el médico llama tu nombre. “Pase, por favor, tome asiento”. Entonces vos te sentás y, mientras el médico busca unos papeles en el escritorio, no te aguantás las ganas de contarle todo lo que tenés pensado hacer el día de hoy, porque mañana es feriado y el día está increíble. Y vos le contás, pero no entendés por qué te mira de esa manera, como si estuviera esperando para decir algo.

Él arrima la silla al escritorio y te pide cortésmente si podés cerrar la puerta. La cerrás, lo mirás y sonreís como diciendo “me decías?”. No dice nada por unos segundos. Respira profundo, y entonces comienza a explicarte que las radiografías de torax no salieron como se esperaba, que hay un área oscura en tu pulmón derecho y que casi con certeza se trata de cáncer de pulmón; que la enfermedad está muy avanzada y que las expectativas de vida son pocas.

Metástasis.
(Del gr. μετάστασις, cambio de lugar).
1. f. Med. Propagación de un foco canceroso en un órgano distinto de aquel en que se inició.
2. f. Med. Resultado de esta propagación.

Toda tu vida sin saber lo que significa esa palabra y ahora resuena en tu cabeza como si fuera lo único que importa.

La sola idea de una sala de espera te parece ridícula, como si nos sobrara el tiempo. “Acaso a la gente le sobra el tiempo?”, te decís.

Nunca más vas a leer una revista de chimentos, en ese tiempo podrías estar viviendo un poco.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Elige tu propia aventura: La carrera interminable

Dando vuelta por el quilombo que tengo en el cuarto, encontré esto. Siempre quise hacer un "Elige tu propia aventura", por eso en Proyecto FIUBA nos pusimos las pilas y les presentamos el primer libro de la saga hecho acá, papá.

Los tipos de NAH! hicieron un "elige tu propia aventura" que también parodia a un libro de la saga (acá está la tapa). Fíjense el nombre del autor en la foto. Casualidad? Tal vez. Conspiración para destruir al sistema capitalista? Definitivamente. Pero esto está lejos de ser una copia, esta idea la tenemos de hace rato.

De todas formas, volviendo a lo nuestro:

La idea es que participen ustedes. Van a poder votar mediante comentarios el destino del protagonista. La opción con más votos va a ser la elegida para continuar la historia.
Suerte, y ojalá participen todos! (todos, incluso vos que leés siempre y nunca escribiste un puto comentario, ratón)

****


LA CARRERA INTERMINABLE
Por Tyler Durden



Sos un puber de clase media. Lo único que sabés de la vida te lo enseñó la tele y las pocas noches de boliche que tenés encima. Tenés 18 años y recién terminás de rendir la última materia que tenías previa del colégio, matemática. Como todo pibe de esa edad, en los últimos tres meses tu mente estuvo ocupada pensando en lo bueno que estuvo el viaje de egresados y en esa minita que le entraste en el bondi de vuelta mientras todos los giles dormían y se quejaban de la resaca, por eso hoy cuando te fuiste a anotar en el CBC cazaste la birome y escribiste el nombre de la primera carrera que te vino a la mente. Para tu desgracia, esa carrera fue ingeniería industrial, en la UBA. Vos estás de la cabeza, pibe. Probablemente lo lamentes todos y cada uno de tus días en los próximos siete años, pero tu mente adolescente no sabe preocuparse por cosas a largo plazo. De todas formas es tarde para lágrimas, sos joven y lo único que te preocupa es que tus viejos no te encuentren alguna de las porno que tenés escondidas en el cuarto. “Mientras haya alguna minita en la clase, está todo bien” -le decís a un amigo por teléfono después de contarle la noticia- “barió bariló, nos fuimo a bariló” le cantás por el tubo como un boludo.

Estás motivado. No sabés lo que te espera.
Pasa a la página 2.

jueves, 15 de octubre de 2009

CTRL+ALT+SUPR


nunca te paso de estar asi sentado como mirando algo ahí en no se ponele la pared y como que giras la cabeza para un costado y ves devuelta pero como girado el coso, y está como borroso asi medio gris, viste? y como que te vas imaginando cosas, jirafas tipos haciendo no se, gestos como un mimo o cosas así; y tonces te sentás a verlo y sentis que el tiempo se estiiiiiiira asi como un chicle y como que woooooo vos seguis ahí y el tipo no pasa viste, y de pronto miras el celular y wooooo man no paso ni un minuto, es increíble boludo no sabes es lo mas, nunca te paso?

-la verdad que no

-uy boludo no sabes…no sabes es buenisimo…es buenisimo…

martes, 13 de octubre de 2009

Carta de un hecho pelota con olor a huevos



Cosa (porque solo yo te digo cosa):

Te escribo para decirte que culpa tuya estoy hecho un desastre. Me levanto todos los días a las tres de la tarde, me la paso todo el día en casa dando vueltas en pantuflas como un jubilado. Desde que me dejaste, la barba me crece despareja, las uñas se me llenan de mugre y tengo más olor a pata que de costumbre. Ya no compro el diario los sábados, porque la única noticia que me interesa es esa de que algún día vas a volver. Cuando salgo es sólo al bar de acá a la vuelta a tomar un tinto de la casa con tus recuerdos, rodeado de viejos verdes que no hacen otra cosa más que leer crónica y charlar de fútbol. Domingo, el mozo de toda la vida siempre me invita otra vuelta, yo le explico que traiga dos, que tus recuerdos también toman, que la pena la invito yo.
Estoy cansado de extrañarte, tengo ganas de inmolarme pero todavía no tengo el valor. Probé con chaskibúm pero no funcionó muy bien. Ya no me lavo lo dientes, porque desde que te fuiste me quedé sin aliento y con un montón de deudas de amor que todavía sigo sin pagar. La tabla tiene meo pegoteado de hace tres días, pero eso sí, nunca me olvido de tapar la pasta de dientes. Me acuerdo cuánto te molestaba que se seque la pasta de la puntita. Sé que algún día vas a volver y no quiero que la encuentres así cuando llegues. Porque vas a volver, no que vas a volver?
Salgo todos los días a la vereda a ver si en una de esas se te da por pasar por casa porque te trae buenos recuerdos, pero el viento no te trae nunca por acá. Mi olor a chivo tiene ya cuatro meses ahí metido. Hace juego con las lágrimas que guardo en la pelela que tengo al lado de mi cama, justo al costado de la pila de papeles con mocos que dicen "te quiero". Tal vez te interese saber que de tanto llorar por la nariz tengo los labios tan paspados que con ellos podría lijar las asperezas de mi nostalgia. Este corazón viejo y cansado sólo bombea recuerdos desteñidos de un amor que sólo fue mío.
Ahora ya es tarde para seguir despierto, mejor me voy a dormir. En cuanto al corazón, me tomé la molestia de arrancármelo antes de ponerme el pijama, lo dejé arriba de la mesita de luz, al lado de mis aparatos. Si querés, podés llevártelo cuando quieras, total a mi ya no me sirve.


Atte., Tyler.


PD: te dejo unos mimos en el buzón, y unos besos donde sea que vayas.

jueves, 13 de agosto de 2009

Life Instructions (Instrucciones de vida)*



Wake up. Walk half naked from your bed to the bathroom; stare straight to the dark rings under your eyes from last night’s after office till sight turns blurry. Watch your wasted face, flaccid body and white near translucent skin for five minutes. Turn round. Head on to the toilet to deliver toxic waste. Shirt. Tie. Trousers. Shoes. Dress up. Drink some disposable polystyrene mass-fabricated lukewarm coffee from the coffee machine, then throw it to the disposal. Sleepwalk to the office. Read the Wall Street Journal and stress about some random numbers and red lines going up and down for no apparent reason. Turn on the PC. Check for new unread mail. Read again from the cancerous monitor beams things that don’t matter. Salute coworkers as if you really cared about their lives like in some Big Brother-Trueman reality show. Keep on with your sick hamster-on-a-wheel type of life without asking yourself why is that you’re even doing that. Do not ask yourself nothing. Breath. Inhale. Exhale. Go round the corner to your nearest Starbucks. Turn on your laptop PC. Check mail. Answer your ever ringing mobile phone. Talk to your boss. Pretend to solve non-solution problems that, no mater what you do, they will keep coming again and again and stick to your miserable life for ever until you die and become just a bunch of decaying organic mater six feet under. (and that is if you still have someone around that cares for you). Go home. Watch the current sitcom on cable television. Review last week’s chapter just in case. Make yourself some first-world microwave dinner. Eat right from plastic tray so as not to stain your recently polished furniture nor your handcrafted sweater made by some Somalian exploited child for some cents of a dollar a month several thousand miles away. Take a bath. Watch some more TV. Go to sleep.

Repeat till death occurs.

Tyler Durden


Versión en castellano:

Despertar. Caminar semi desnudo desde tu cama al baño; mirar fijamente las ojeras bajo tus ojos, producto del after office de anoche hasta que la vista se nuble. Mirar tu cara demacrada, tu cuerpo flácido y tu blanca, casi transparente, piel por cinco minutos. Voltear. Dirigirse al inodoro para despachar deshechos tóxicos. Camisa. Corbata. Pantalones. Zapatos. Vestirse. Tomar café tibio servido por la máquina de expreso en un vaso industrialmente fabricado de poliestireno, luego tirarlo a la basura. Caminar semi dormido hasta la oficina. Leer el Wall Street Journal y estresarse por un montón de números escritos al azar y líneas rojas que suben y bajan sin ninguna razón aparente. Prender el computador. Ver si hay correo sin leer. Leer otra vez desde los cancerosos rayos del monitor, cosas sin importancia. Saludar a los compañeros de trabajo como si realmente te importara qué es de sus vidas, como en un reality al estilo de Gran Hermano o The Trueman Show. Continuar con tu vida como un hamster en una rueda, sin preguntarse por qué es que está haciendo lo que hace. No preguntarse nada. Respirar. Inhalar. Exhalar. Ir al Starbucks más cercano. Prender el computador portátil. Chequear el mail. Contestar el teléfono que nunca deja de sonar. Hablar con su jefe. Pretender resolver problemas sin solución que, sin importar lo que haga, volverán y lo perseguirán una y otra vez hasta que muera y se convierta en un montón de materia orgánica en descomposición tres metros bajo tierra (y eso es si todavía tiene alguien que lo aprecie). Volver a casa. Mirar la serie de moda en televisión de cable. Mirar el capítulo de la semana pasada, por las dudas. Preparar usted mismo un poco de comida primermundista de microondas. Comer directamente de la bandeja de plástico para no manchar los muebles recién pulidos ni su sweater hecho a mano por algún niño Somalí explotado por unos pocos centavos de dólar al mes a miles de kilómetros. Darse un baño. Ver un poco más de televisión. Dormir.

Repetir hasta que la muerte ocurra.

Tyler Durden

*Inspirado en el tema Fitter Happier de Radiohead.

sábado, 1 de agosto de 2009

Hola, sí, que tal, esteee... Houston? Ah sí, hola como está? bueno, mire, parece que tenemos un problemita con lo del fin de semana...

-Houston, aquí Apolo 13
-Diga Apolo, aquí Houston
-Mire, tenemos un problema con el oxígeno, parece que explotó un tanque y estamos liberándolo al vacío, modificando así nuestra trayectoria
-Mhmm...un momento Apolo 13, lo debatiremos con nuestro equipo y los contactaremos luego con los pasos a seguir

[5 minutos]

Apolo 13, se encuentra ahí?
-Si, aquí estamos Houston
-Bueno, cácenlo a Tom Hanks de las pelotas, díganle que van a jugar al Twister desnudos y una vez que esté en bolas, sáquenle una media; luego desconecten la manguera del sistema de purificación de aire e incrústenla en el diome, eso hará de filtro. Luego enciendan por cuatro segundos los propulsores 1 y 3 y diríjanlos a las coordenadas Alfa-Charlie-Riquelme, 23 grados al Sur de la constelación N1H1, eso estabilizará la nave y la retornará al curso programado.
-Entendido, Houston.

[15 minutos]

-Houston, aquí nuevamente Apolo 13
-Díga, Apolo
-Hemos reestablecido el rumbo según lo indicado
-Sí, eso mismo indican nuestros sistemas de monitoreo, felicitaciones monos del espacio.
-Si, bueno, gracias Houston...pero esos fueron solamente la mitad de los problemas
-Hanks reclama su media?
-No, no, por suerte logramos controlarlo...le dijimos que si hacía un escándalo por una maldita media, mataríamos a Wilson.
-Oh, muy astutos...
-El problema es que el Lunes, Tyler rinde el final de Estadística Técnica
-Entendido, Apolo 13, y cuál es exactamente el problema?
-El problema, Houston, es que hoy tiene dos cumpleaños y quiere volarse la peluca
-Mhm...Tyler, se encuentra ahí?
-Aquí Tyler Durden
-Bien, ha seguido los procedimientos habituales? Las maniobras a seguir se encuentran explicadas detalladamente en el manual de manejo de cargo de conciencia
-He intentado con dichos procedimientos pero nada ocurre, la culpa simplemente no desaparece, parece ser que mi conciencia ha desarrollado anticuerpos contra mis argumentos...Estoy a la espera del procedimiento a seguir, Houston
-...
-Houston, todavía sigue ahí?
-...
-Houston, si han podido ayudarnos a reestablecer las condiciones humanamente habitables del módulo lunar y regresar a la trayectoria programada usando tan sólo una media, entonces esto debería ser algo fácil de resolver...
-...
-Houston?
-...
-Houston la recalcada concha de tu hermana.



martes, 28 de julio de 2009

Discória: Valentín Alsina

¿Qué es una discória? Es una historia en la cual figuran dentro de ella, todos los nombres de los temas de un dísco de música de alguna banda cualquiera. Para que no pierda la escencia, la misma tiene que ser lo más corta posible. Esas son las únicas reglas a seguir.



Banda: Dos Minutos
Disco: Valentín Alsina (1994)
Temas: (Al final del post)

Era otro sábado cualquiera por allá en el barrio obrero de Valentín Alsina, cuando Walter volvía de laburar en una fábrica de autopartes. Después de fichar, se despidió de su compañero de trabajo, con quien tomaba unas cervezas de vez en cuando. "Hoy no puedo acompañarte, viejo, tengo a mi mujer esperándome para cenar", le dijo. Walter habría enfilado para su casa de no ser porque era sábado, y los sábados tenía otros planes. Salió del laburo y se fue directo a Pequeño París, un puterío de la zona donde mujeres de aranceles económicos exhibían sus atributos de manera sucia y desprolija, en busca de novedades -no suele haber muchas cuando se trabajan turnos de doce horas, seis días a la semana-. “Odio laburar”, solía repetirse a sí mismo, una y otra vez, mientras caminaba esas diez cuadras hasta la parada del colectivo.
Al llegar, preguntó por Laura; una prostituta con quien compartía algo más que noventa minutos de sexo sin amor, no era simplemente otra mujer, para él eso era terapia. En un telo barato sonaba una canción de amor, mientras ella escuchaba como Walter hablaba casi sin detenerse sobre los problemas que tenía con su esposa, con quien ya no se llevaba como antes, él la notaba distante, pero aún la amaba y, por más contradictorio que suene, quería remediar la situación. Compartieron una ginebra y para cuando se hizo la hora de volver, él ya estaba medio tocado. Eran las dos de la mañana cuando arrancó para su casa, solía quedarse hasta más tarde, pero esta vez la ginebra le pegó de más.
Desató el alambre de la rudimentaria reja y caminó unos metros hasta la entrada. Abrió la puerta y se hizo paso entre catorce botellas de cerveza vacías que pululaban por la sala de estar. Creyó escuchar ruidos. Sea quien fuere que haya entrado, parecía no haberlo hecho por la puerta, la cerradura estaba perfecta. Tan silenciosamente como pudo, se acercó a la habitación donde habitualmente dormía con su mujer. Puso la oreja en la puerta y pudo escucharla jadear. Fue un segundo, un segundo donde la ira lo poseyó por completo. En un arrebato de cólera, abrió la puerta de un golpe y ahí los vio, los dos en la cama; era su mujer teniendo sexo con su compañero de laburo. Ella se volteó y alcanzó a taparse con la sábana -como si él no se hubiera dado cuenta- pero era demasiado tarde. Que mala suerte. No, la suerte acá no tenía nada que ver.
-Yo te puedo explica…
- Qué carajo me vas a explicar, me querés decir?! Que, se tropezó y se cayó encima tuyo en pelotas?! Ya no sos igual…vos…vos no confiaste en nosotros - era una situación de mierda para todos en esa habitación - Y vos hijo de puta no te hagas el gil, cagón! Vení que te voy a matar hijo de puta!
Agarró la 22 que guardaba en el primer cajón de su mesa de luz, y lo corrió hasta la puerta, donde se trenzaron a piñas en una escena un tanto confusa. Todo parecía ocurrir rápidamente cuando, en medio de la pelea callejera, un estruendo ensordecedor detuvo el tiempo por un instante que pareció prolongarse infinitamente. Walter se tomó el estómago, y pudo sentir como la sangre brotaba. Pudo sentir en su boca ese sabor metálico, ácido, como caramelo de limón. A lo lejos se escuchaban las sirenas de la barricada policial. Aturdido por sus sentimientos encontrados, cayó tendido en sobre el asfalto, con los ojos abiertos de par en par y un amor suicida el pecho.


Temas: 1)Valentín Alsina 2)Canción de amor 3)Que mala suerte 4)Novedades 5)Odio laburar 6)Amor suicida 7)14 botellas 8)Vos no confiaste 9)Barricada 10)Otra mujer 11)Como caramelo de limón 12)Demasiado tarde 13)Pelea callejera 14)Arrebato 15)Ya no sos igual

Otras Discórias:

Sentite libre de hacer cuántas discórias quieras; si lo haces, por favor hacé mención de los créditos a proyecto FIUBA y dejá algún link de referencia a la página. Gracias por leer!


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domingo, 26 de julio de 2009

Discória: Los Abuelos de la Nada 1

¿Qué es una discória? Es una historia en la cual figuran dentro de ella, todos los nombres de los temas de un dísco de música de alguna banda cualquiera. Para que no pierda la escencia, la misma tiene que ser lo más corta posible. Esas son las únicas reglas a seguir.


Banda: Los Abuelos de la Nada
Disco: Los Abuelos de la Nada 1 (1994)
Temas: (Al final del post)

Pasé todo el lunes por la madrugada, dando vueltas en la cama, mil horas, sin poder dormir. Se nota la tristeza de la ciudad cuando vos no estás, sabés? (prefiero pecar de humildad, antes que de soberbia en mis palabras), sos esa sintonía americana que me hace feliz, el himno de mi corazón. Vení conmigo, soy tu bandera, escapémonos a donde nadie nos encuentre. Y si no volvemos, y si nos damos unos besos y nos revolcamos en el pasto, que no se desesperen, así es el calor. Vení conmigo, ojalá no te enamores nunca de aquél marinero bengalí. Vení, vamos al ruedo. Dejemos acá nuestras costumbres argentinas, a donde vamos están de más.

Casi sin darme cuenta se me olvidó que te olvidé.


Temas: 1)No te enamores nunca de aquel marinero bengalí 2)Mil horas 3)Lunes por la madrugada 4)Sintonía americana 5)Así es el calor 6)Vamos al ruedo 7)Costumbres argentinas 8)Yo soy tu bandera 9)No se desesperen 10)Himno de mi corazón 11)Tristeza de la ciudad 12)Se me olvidó que te olvidé


Otras Discórias:
Sumo - After Chabón
Sumo - Llegando a los monos
Sumo - Divididos por la felicidad

jueves, 23 de julio de 2009

Santos tests psicotécnicos Batman!

Se detuvo un momento a ver la numeración, Calle Falsa 123. -Es acá-dijo, y se acercó al portero para apretar hasta el fondo el timbre del piso 2. Había aprendido por experiencia propia a tocar el portero con fuerza; más de una vez le había pasado de haber tocado despacito y haber sufrido la paradoja del timbre mal apretado, donde uno no sabe si tocar otra vez por miedo a que en la primera ya haya sonado y quedar como un impaciente mal educado, pero de no hacerlo correr el riesgo de que nunca lo hayan escuchado y prolongar la espera infinitamente mientras uno es acechado por las inclemencias de la naturaleza; por lo que generalmente terminaba varado en la indecisión el tiempo suficiente como para que cualquiera que pase por las inmediaciones comprendiera su situación y él se sintiera un idiota.
-Si?- se escuchó por el parlante
-Que tal, vengo por el psicotécnico, contestó Juan.
-Claro, pase- dijo la voz, seguida del chirrido eléctrico del portero- abrió?
-Sí, gracias.

Abrió la puerta de un empujón, y se adentró en el vestíbulo del edificio, de piso de mármol y un gran espejo en una de sus paredes, muy belgranezco. No había señor portero, así que se ahorró unas palabras al dirigirse al ascensor. Pulsó el número dos antes de cerrar la puerta, no quería que ninguna vieja chismosa lo llame desde otro piso.
Una vez ahí, tocó timbre en el departamento y lo atendió la psicóloga. Una señora de cincuenta y pico, estimó, con el pelo planchado y teñido- a esa edad nadie se salva de las canas- pensó con un poquito de maldad, pero no tanta, después de todo no le quedaba mal.
-Tomá asiento, querés algo para tomar? Un cortado?- le ofreció a Juan.
-Un vaso de agua estaría bien, gracias...ah, disculpame, puedo usar el baño un segundo?
-Claro, está al fondo a la derecha.- Sin importar en qué punto del lugar uno se pare, los baños siempre parecen estar al fondo a la derecha, esta no era la excepción.

Volvió del baño y la señora ya se encontraba sentada frente a la que sería su silla. Juan tomó asiento. Luego de una breve introducción donde ella le pidió que le contara un poco de su vida, a qué se dedicaba, cuáles eran sus pasiones, para qué puesto aplicaba, entre otras, y luego de un examen de lógica, pasaron a la última etapa de la evaluación.
-Bueno Juan, yo ahora te voy a mostrar una serie de imágenes, sí? Son así como manchas de tinta, y las voy a ir pasando de a una y vos tenés que ir diciéndome qué es lo que ves en ellas, está bien?
-Perfecto- asintió Juan con la cabeza.

Se refería al Test de Rorschach, había escuchado sobre eso en el colegio. Dudaba bastante de qué tan útil podría llegar a ser, pensó que era una buena oportunidad para descubrirlo. La señora sacó la primer lámina.


-Qué ves acá, Juan?
-(mmm esas son dos minas en pelotas sacando culo a punto de tirarse un pedito) eehhmm...dos mujeres enfrentadas haciendo ejercicio...como si te dijera un ejercicio de pilates.
La mujer dejó escapar un leve "mhm" de sus labios, y prosiguió
-En esta otra?



-(naa no te puee' ese es Mumm Ra el malo de los Thundercats...!)Mmm esa pareciera ser un paisaje, arbolitos y como una montaña de fondo.
-Y si lo ves de costado?
-A ver...mmm esos son dos pumas
-Y están haciendo algo?
-Están como escalando hacia la cima, como un trabajador ejemplar...como yo- dijo Juan, y puso su mejor sonrisa de "no soy un amor?".

Ella no pareció muy convencida de esto último, pero no pudo evitar sonreír ante tal comentario. Guardó la tarjeta y sacó la que sería la última.

-Una más y terminamos. Qué ves en esta?


Juan se quedó callado. La cara se le veía tensa, y parecía deformarse a medida que pasaba el tiempo, como cuando uno sonríe a la cámara y quien la sostiene tarda tanto en apretar el botón que la sonrisa se empieza a desfigurar hasta el punto que cuando finalmente sacan la foto, uno sale con cara de zopenco. Era Batman. Es decir, el de la foto, el de la foto era Batman, él lo sabía, y sentía unas ganas terribles de gritarlo en voz alta "Es Batman!!". Pero sabía que no podía decir eso, menos de esa forma. Es que para Juan estaba tan claro como ver a dos personas sentadas en la barra de un bar, una con máscara y capa negra y la otra de capa amarilla y traje verde y rojo; se sobreentiende que son Batman y Robin tomando una birra. De pronto sin pensarlo, se acomoda en la silla, pone los codos sobre la mesa, tomándose las manos en un gesto a lo Mariano Grondona le dice:

"Escúcheme señora, yo sé que lo que estoy a punto de decir, no tengo que decirlo porque usted va a pensar que estoy loco, pero que quiere que le diga, esa manchita que usted me está mostrando, esa tarjeta blanco y negro que tiene usted delante mio, bueno, no es una manchita, ese es Batman, señora. Me entiende? Mire, ahí estan las alas, y esa es la cara, ve? Como la máscara, eh, eso de ahí que se ve en el medio es la máscara. Estas dos son las orejas y ahí a los costados están como las manitos, o sea, déjeme ser claro. Si yo agarro una cartulina, y recorto eso que usted dice es una mancha, y pongo la cartulina sobre un reflector de mil watts, y lo enfoco al cielo, en cinco minutos cae Batman y me salva las papas, señora. No se si viene Robin, ese tipo es impredecible, hace lo que se le canta, pero Batman viene seguro. Fui claro? Y para mi que usted se está haciendo medio la dolobu pero sabe bien que ese de ahí, eh, ese, es Batman."

Superado por la situación, se levanta de la silla y continúa:

"Así que no me venga con todos sus dilemas relativistas sobre qué es y qué no es qué cosa porque, por ejemplo, eso de ahí es una lámpara, y esto que tengo en la mano se llama birome, y es una birome y no un elefante, me entiende? Y yo, yo soy una persona común y corriente que tuvo una infancia feliz porque tuvo la suerte de tener tele y poder ver a Batman de chiquito, cuando todavía Batman usaba calzas grises y se movía en un Cadillac descapotable que a duras penas alcanzaba los 40 kilómetros por hora, y usted no me va a venir a decir que Batman no es quien creo que es porque yo se muy bien quién es Batman y quién no es Batman. A la vuelta de casa tengo una verdulería, y hay un señor que me vende todos los sábados un kilo de zapallitos para hacer una tarta, y ese tipo no es Batman, ese tipo es Hugo el verdulero y es muy amigo mio y es muy buen tipo, pero no es Batman, porque no tiene ni la capa de Batman, ni el cinturón de Batman, ni a Robin, ni se mueve a Batichica. El es Hugo el verdulero, usted es quien es, yo soy quien soy y ese que esta en la foto, ese es Batman. Así que si me disculpa, yo ya no tengo nada más que hablar con usted, me voy a mi casa."

Y así nomás salió por la puerta del consultorio y cerró de un portazo. No consiguió el trabajo, pero eso estaba bien para él, ser fiel a los ideales tiene su precio.

sábado, 18 de julio de 2009

Discória: After chabón

¿Qué es una discória? Es una historia en la cual figuran dentro de ella, todos los nombres de los temas de un dísco de música de alguna banda cualquiera. Para que no pierda la escencia, la misma tiene que ser lo más corta posible. Esas son las únicas reglas a seguir.


Banda: Sumo
Disco: After chabón (1987)
Temas: (Al final del post)

Corría un domingo por la mañana en el Abasto, Frank tomó el subte, línea b, y bajó en Carlos Gardel. Eran tiempos de confusión para aquél cieguito volador, quien hace poco aprendió a sortear los obstáculos de la ciudad a tientas.
Allí se encontró con Laura.

-Hola Frank, esbozó.

El cieguito plegó sus alas y se posó sobre la acera mirando al infinito con sus ojos de terciopelo. Volteó hacia ella y, sin más preámbulo que su presencia, le dijo que era el amor de su vida y que nunca iba a encontrar a alguien que lo entienda tal como es, que lo vea como él se ve, que lo quiera por lo que es y no por lo que hay que ser.

- Escuchame, no te pongas azul…no sé lo que quiero, pero lo quiero ya. No pretendo que me entiendas, cuando ni yo lo hago- dijo ella- qué es ese ruido?- Eso era el corazón del cieguito a punto de salirse por su garganta y rodar por la vereda.
- Esos latidos, decís? es percusión, nena, Crua Chan- mintió, y lo hizo mal a propósito.
- No te pido que festejes los sentidos
- Sentido estoy yo- La gota en el ojo era fiel reflejo de que esta vez él estaba siendo tan sincero como podía serlo, con ella y consigo.

Le dio la espalda, bajó la mirada y se fue volando por donde vino. Banderitas y globitos adornaban el camino de vuelta hacia una noche de paz, en la oscuridad, donde no somos tan distintos.


Temas:
1) Crua Chan.2) No tan distintos.3) Banderitas y globos.4) Mañana en el abasto.5) Hello Frank.6) Ojos de terciopelo.7) Lo quiero ya.8) La gota en el ojo.9) El cieguito volador.10) No te pongas azul.11) Noche de paz. 12) Percussion baby.



edit: puta madre, quería ponerlo con la letra normal, pero estoy medio escavio como para corregirlo...fue, queda así...cosas que pasan.


sábado, 27 de junio de 2009

Uno veinticinco, por favor.


Era tarde ya, y Juan recién volvía de la facultad de las Heras. Había estado estudiando todo el día, café de por medio, para un parcial que rendía al día siguiente. Era época de exámenes, y eso es lo que acostumbran hacer los estudiantes de ingeniería. Era pleno invierno, y hacía un frío imposible, útil sólo para tomar una cerveza sin tener que preocuparse por que se caliente. Abrigado de pies a cabeza, paró el 59 que va a La Lucila, pidió un boleto de $1,25 y subió. Rara vez pagaba $1,75, que era lo que realmente valía su boleto; según él ya era bastante el subsidio que ligaban las empresas de transporte público como para encima cobrar esas tarifas usurarias a los estudiantes (más todavía con el frío que hacía). El colectivo estaba medio vacío, había lugares para elegir, contra la ventana, asientos de uno, de dos, del lado del pasillo, en el fondo y, como siempre, mirando hacia atrás. “No entiendo por qué nadie se sienta en esos asientos”, pensó refiriéndose a estos últimos. Sin más, caminó hasta el fondo, y eligió uno junto a la ventana. “Permiso”, le pidió a la chica que ocupaba el asiento del pasillo. Seguramente la chica se preguntó por qué Juan eligió ese asiento teniendo todo el colectivo vacío, es decir, uno siempre trata de mantener a los extraños tan lejos de su burbuja invisible tanto como sea posible, ¿no? Esto Juan lo vio venir.

- Pasa que hace frío- dijo Juan
- ¿Cómo?- contestó la chica.
- Que hace un frío terrible afuera, quiero estar lo más apretado que pueda, por eso elegí este asiento. Espero no te moleste que invada tu burbuja.
Ella sonrió, “no te preocupes”, contestó. De la facultad a su casa, Juan tenía una horita de viaje, fácil. Sacó los auriculares y se dispuso a escuchar algo de música.
-Me parece que voy a hacer lo mismo que vos- dijo ella, y eso bastó para terminar el resto del viaje con los auriculares en la mano.
- ¿Hasta donde vas?-preguntó Juan.
- Hasta Belgrano, tengo para rato todavía ¿Vos?
- No te quejes, hasta La Lucila… eso es para rato.
- Eso es terrible.
- Ni me digas, después de 5 años y medio te acostumbrás, no te preocupes.
- ¿De dónde venís?
- De la panza de mamá, y ahora de la facultad.
- ¿Estudiás derecho? – Juan se preguntó por qué habría de preguntar eso si la facultad de derecho no está siquiera cerca.
- Ojalá- dijo Juan mientras hundía la pata hasta el fondo sin saberlo- esos tipos cursan cuatro horas locas por día, estudio ingeniería. – concluyó, y se dio cuenta lo pedante de su comentario tarde como para corregirse.
- Yo estudié derecho- replicó ella, y Juan se quiso tirar por la ventana.
- Bueno, derecho es una carrera difícil.
- ¿Todos los ingenieros se dan vuelta como un panqueque de esa manera?
- Sólo cuando la situación amerita.
- Que oportuno…
- Es un mecanismo de defensa, podemos ponerlo de esa manera. ¿Y ahora qué hacés de tu vida? ¿Ejerces como abogada?
- Ajá – asintió con la cabeza – para una prepaga.
- Algo así como abogada del diablo, digamos.
- Podrías verlo de esa manera, y considerar cambiarte de asiento.
- O podría darme vuelta como un panqueque.
- Con esa defensa podrías ser abogado vos también, hay un lugarcito junto a Lucifer.
- ¿Y te gusta? Digo, laburar de eso.
- La verdad la verdad, no. Me gusta más sacar fotos y dibujar; estoy haciendo un postgrado en el IUNA, vengo de ahí. A veces me pregunto por qué estudié lo que estudié.
- Te entiendo perfectamente. A mi me gusta escribir, y sin embargo me la paso haciendo cuentas y estudiando la resistencia de materiales.
- Bueno, parecido.
- uff…
- Al menos sabés lo que te gusta.

Y fue esa frase la que lo dejó pensando. Al menos sabía lo que le gustaba, no todos tienen ese privilegio. Otros pasan su vida en piloto automático sin detenerse por un momento a pensar en eso. Hizo una pausa, y se prometió dedicarle más tiempo a eso que lo mantiene vivo, su cable a tierra. Después siguieron charlando un rato más pero eso es algo que no tiene importancia.


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martes, 23 de junio de 2009

Juan y Julia


Entonces ahí se encontraba Juan. Parado frente al mostrador, en puntitas de pié. “En qué puedo ayudarte?”, le preguntó el vendedor, pero Juan no contestó. Estaba indeciso. Miraba las gomitas con un deseo incontrolable de llevarse todo el paquete a la boca y masticar con la boca abierta sin importar que los pequeños pedacitos de goma baboseada se precipitaran al vacío, pero sabía que ese no era el camino si quería enamorar a Julia.
Julia era su compañerita de banco. Se sentaban juntos justo al lado de la ventana que daba al arenero. Tenía pelo lacio y marrón, y cuando sonreía asomaban de entre sus labios unos aparatos fijos que eran la envidia de todo el curso. A esa edad todos querían tener aparatos fijos, y Julia los sabía llevar.
Por otro lado estaban los chocolatines. Eran la otra alternativa. Sabrosas tabletitas de chocolate blanco, diez cuadraditos de paraíso capaces de seducir a cualquier chica de 6 años. Juan sabía que a Julia le gustaban los chocolatines, pero las gomitas eran demasiado ricas como para resistir la tentación. Metió su mano en el bolsillo y sacó dos monedas de veinticinco centavos. Alcanzaba para el chocolatín y para las gomitas, pero no para los dos. Buscó en su otro bolsillo con la esperanza de encontrar alguna moneda extraviada, pero no tuvo suerte. Juan tenía que elegir. El placer inmensurable de saborear 8 gomitas a la vez, o Julia. Miró al kiosquero y, casi sin querer, le dio los cincuenta centavos. “Me llevo éste”, dijo, queriendo disimular su voz temblorosa e indecisa. “Acá tenés, suerte Juancito” dijo kiosquero, y Juan se fue al recreo, ya un poquito más hombre.
Julia estaba sentada en el borde del arenero cuando el reloj del patio marcaba las once y diez. Las agujas avanzaban implacables, devorando rápidamente los cinco minutos que quedaban de recreo. Sabía que tenía que hablarle, ¿pero cómo? Era la más linda de la clase, iba a necesitar más que un chocolatín. En eso, siente que le tocan la espalda. Era Julia. No podía dejar pasar ni un segundo más, tenía que actuar. “Tomá, te compre un regalito”, dijo, y extendió la mano. La miró a los ojos esperando esa sonrisa que sólo Julia podía hacer, pero no pudo ver el reflejo del sol en los aparatos, ella lo miró sin entender demasiado y, él, él entendía todavía menos. Bajó la mirada, y se encontró con lo peor. Estaba tan nervioso, que el chocolatín se había derretido en su mano y ahora chorreaba por los costados del papel. En ese momento deseó no haber aprendido nunca a leer la hora en relojes con aguja. Sus ojos se le llenaron de lágrimas y su cara formó esa mueca que hacen los nenes cuando están por llorar. “Yo también te traje un regalito”, dijo Julia. Abrió su mano, y dejó caer encima del chocolate un paquete entero de gomitas de todos colores. “Para mi?”, preguntó. Ella sólo sonrió, y Juan pudo ver como miles de pedacitos de gomitas de colores decoraban sus aparatos fijos.

El tiempo pasó, y Julia se cambió de colegio. Ahora tiene un nuevo compañerito de banco, Marcos. Por otra parte, Juan empezó primer grado, ahora usa camisa y corbatín y, aunque ya no se ven como antes, él ya no duda cuando va al kiosco, porque sabe que a su novia, Julia, también le gustan las gomitas.

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miércoles, 17 de junio de 2009

Había una vez un escritor


Derramé el café sobre el teclado, y me pregunté si todavía pensás en mí. ¿Dónde pasas tus días? ¿En los brazos de ese hijo de puta? Con una mano limpio el teclado y con la otra apreto con fuerza mi corazón de arena para que no se desparrame por el piso. Hojas y hojas de memorias escritas, apiladas sobre la mesa, ordenadas listas de pensamientos inconexos y cosas que pudieron haber sido pero no tuvieron la suerte de ser. Horas de terapia que sólo vos podrías remediar. Entonces así es como se siente cuando te dejan, ¿verdad?. Ya ni atiendo el teléfono cuando suena, no puede ser nadie que me interese atender, porque vos ya no llamás. Ya no río como antes, ahora sólo lo hago para complacer a quien intenta verme feliz, tampoco hay que ser descortés. ¿Acaso no ves que no puedo ser feliz si vos no estás? ¿No ves que te extraño? Abro el primer cajón y saco unas hojas en blanco mientras pienso qué escribir. Una nueva historia, nuevos protagonistas. Escribirla y ver de afuera como se suceden los hechos a medida que la tinta de la birome avanza devorando el porvenir, una palabra a la vez y, con cada una, mil sentimientos, apretados intentando hacerse lugar, empujándose unos a otros en una lucha por ver quien prevalece antes del punto final. Cada uno escribe su historia y, vos, sin importar cuantas veces tome una hoja de mi cajón y me disponga a empezar de cero, siempre vas a estar en la mía.





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